Llegué a Chicago por la noche y fui en metro de un aeropuerto a otro. Los trámites de entrada al país fueron un poco mejores y más felices que en otras ocasiones. El
aeropuerto era tan pequeñín que cerraba casi todo por la noche y tuve que
apañarme para dormitar en un sitio medio escondido que estaba abierto. Fue realmente una noche de mierda, pero como estaba muy cansada no me paré a hacer fotos de mi precario alojamiento. A la mañana siguiente, por suerte bien temprano tomé el
vuelo a Atlanta.
Por fin llegué al sur de los EEUU, a Atlanta (Georgia). Allí me estaba
esperando Alba, una compañera consejera (monitora) de mi campamento (Wilder2)
del año pasado. Visitamos Atlanta, los lugares tradicionales de M. Luther King,
la fábrica de CocaCola. Comimos en un restaurante chino a eso de las 11 de la
mañana…para habituarme a los (des)horarios alimenticios norteamericanos (cada
uno puede comer cuando le da la real gana). Volvimos en coche a Alabama donde
nos recibieron por un lado la madre (que me entregó mi precioso Ukelele azul,
comprado vía Amazon) y el padre de Alba. Nos quedamos a dormir en la casa de
este último. Todo fueron palabras de bienvenida. He de decir que la
hospitalidad y afabilidad sureñas son algo innegable.
Pronto comencé a percibir
la existencia de miles de iglesias (pequeñas, grandes, de todas las confesiones,
en 5 minutos puedes encontrarte con 15 templos), que todos los trayectos hay
que hacerlos en coche, que hay un gusto inusitado por los arándanos, el maíz y
la mantequilla (uno de sus productos favoritos se llama “no puedo creer que no
sea mantequilla” que es una especie de emulador).
Al día siguiente (si no me pierdo ya con las fechas) era 4 de julio (uhh
fiesta nacional). Nos fuimos a la casa en el lago de una amiga de Alba (a unas
dos horas de camino…es decir la media de lo que nos llevaba cualquier
desplazamiento) y nos pusimos unas bonitas camisetas patrióticas con la
bandera. Allí hicimos barbacoa, tomamos sandía y cervezas flotando en el agua, dimos
una vuelta en bote…¡lo típico!. Por la noche vimos los fuegos artificiales
desde una pradera (sí, seguimos con los típicos-tópicos). Dormimos en la casa (no la del lago…sino la principal) de la
amiga de Alba. Es la casa más lujosa en la que he estado nunca. Es verdad que
era una familia como de 7 hermanos y se necesita espacio…pero parecía la casa
del Príncipe de BellAir. Además la madre era extraordinariamente acogedora y
nos preparó, al día siguiente desayuno y comida sin que pudiéramos añadir o
ayudar en nada y nos regaló algunas verduras de su huerta.
Regresamos. No recuerdo bien si a la vuelta fuimos al monte o si fue al día
siguiente. Fuimos a la montaña más alta de Alabama (¿la única montaña del
Estado?) y disfrutamos de las fenomenales vistas.
Al día siguiente fuimos un día a casa de otra amiga (recordar los nombres
es imposible para mis capacidades intelectuales), que tenía un montón de ratas
en la casa. Vivía con su novio en un lugar remoto y aislado. Eran artistas y tenían obras de todo tipo (casi todas modernuelas gafapásticas). Luego fuimos a comer a un pueblo bastante especial,
Greensboro (donde se aglutinan una serie de proyectos interesantes de
regeneración del mundo rural a partir de ideas innovadoras). Comimos en un
taller de tartas y autoempleo y aprovechamos para visitar una fábrica de
bicicletas de bambú (suena raro pero sí…superchulas…pero supercaras) y una
tienda de objetos de segundamano (que le sirvieron a Alba para adquirir una
guitarra por 10USD!!).
Paramos a tomar helado en el paraíso del melocotón, donde eligen cada año a
la reina, princesa y princesa adolescente de esta preciada fruta. La ganadora
tiene que hacerse unas absurdas fotos con la fruta…interesante cuanto menos.
Mi último día en Alabama fue conociendo la ciudad de Birmingham. Además era
mi cumpleaños así que fuimos a comer a la casa de las tortitas. Visitamos
Vulcano, un parque con espectaculares vistas. Buscamos desesperadamente un café
y paseamos por el downtown. Cenamos en un griego e hicimos tiempo hasta que salió
mi autobús…de un sitio remoto y decrépito como no puede ser de otra forma con
megabus (por si alguien no ha oido hablar de ella es una compañía de bajo coste de autobuses de media y larga distancia que opera en EEUU, Canadá o Reino Unido y que se caracteriza por no utilizar estaciones de autobuses sino parar en mitad de la calle o en parkings en lugares medio abandonados. Causa un poco de impresión viajar con ellos porque muchas veces ves que los que van a tu alrededor son muy humildes).
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| El mundo de Coca Cola |
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| Bienvenidos a Alabama |
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| 4 de Julio |
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| Tomando sandía en el agua |
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| Greenboro |
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| Pie Lab (Fábrica de Tartas) |
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| En la montaña |
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| Celebrando mi cumpleaños con muchos desconocidos :) |
Como recapitulaciones de mis días alabamameños señalaré lo numeroso de las
iglesias y lo conservador en lo político de la gente (aunque en los
universitarios no se aprecia ;)). Lo agradable y hospitalaria que es la
gente…¡en serio!, a todo el mundo parecía gustarles tener una invitada
extranjera. La madre de Alba, Sandy, fue especialmente amable y siempre risueña
(y me hizo una funda artesanal para mi ukelele como regalo de cumpleaños), el
padre de Alba (¿James?) también fue encantador, tímido y callado pero siempre
afable y con Victor y Hector un perro y un gato especialmente enérgicos. Alba
fue una acompañante excepcional, me llevo a todas partes en coche, y pudimos
hablar mucho mucho en los trayecto (también en inglés…aunque para los temas
principales el español siempre es más fluido). A pesar de lo complicado que fue llegar hasta allá ¡mereció la pena el viaje sureño!








Jooooo, ¡qué super envidia este miniviaje a Alabama! Todo parece excelso...¡yo quiero típicos tópicos también! :P
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