miércoles, 24 de octubre de 2012

Chicago-Atlanta-Alabama


Llegué a Chicago por la noche y fui en metro de un aeropuerto a otro. Los trámites de entrada al país fueron un poco mejores y más felices que en otras ocasiones. El aeropuerto era tan pequeñín que cerraba casi todo por la noche y tuve que apañarme para dormitar en un sitio medio escondido que estaba abierto. Fue realmente una noche de mierda, pero como estaba muy cansada no me paré a hacer fotos de mi precario alojamiento. A la mañana siguiente, por suerte bien temprano tomé el vuelo a Atlanta.
Por fin llegué al sur de los EEUU, a Atlanta (Georgia). Allí me estaba esperando Alba, una compañera consejera (monitora) de mi campamento (Wilder2) del año pasado. Visitamos Atlanta, los lugares tradicionales de M. Luther King, la fábrica de CocaCola. Comimos en un restaurante chino a eso de las 11 de la mañana…para habituarme a los (des)horarios alimenticios norteamericanos (cada uno puede comer cuando le da la real gana). Volvimos en coche a Alabama donde nos recibieron por un lado la madre (que me entregó mi precioso Ukelele azul, comprado vía Amazon) y el padre de Alba. Nos quedamos a dormir en la casa de este último. Todo fueron palabras de bienvenida. He de decir que la hospitalidad y afabilidad sureñas son algo innegable. 

Pronto comencé a percibir la existencia de miles de iglesias (pequeñas, grandes, de todas las confesiones, en 5 minutos puedes encontrarte con 15 templos), que todos los trayectos hay que hacerlos en coche, que hay un gusto inusitado por los arándanos, el maíz y la mantequilla (uno de sus productos favoritos se llama “no puedo creer que no sea mantequilla” que es una especie de emulador).

Al día siguiente (si no me pierdo ya con las fechas) era 4 de julio (uhh fiesta nacional). Nos fuimos a la casa en el lago de una amiga de Alba (a unas dos horas de camino…es decir la media de lo que nos llevaba cualquier desplazamiento) y nos pusimos unas bonitas camisetas patrióticas con la bandera. Allí hicimos barbacoa, tomamos sandía y cervezas flotando en el agua, dimos una vuelta en bote…¡lo típico!. Por la noche vimos los fuegos artificiales desde una pradera (sí, seguimos con los típicos-tópicos). Dormimos en la casa (no la del lago…sino la principal) de la amiga de Alba. Es la casa más lujosa en la que he estado nunca. Es verdad que era una familia como de 7 hermanos y se necesita espacio…pero parecía la casa del Príncipe de BellAir. Además la madre era extraordinariamente acogedora y nos preparó, al día siguiente desayuno y comida sin que pudiéramos añadir o ayudar en nada y nos regaló algunas verduras de su huerta.

Regresamos. No recuerdo bien si a la vuelta fuimos al monte o si fue al día siguiente. Fuimos a la montaña más alta de Alabama (¿la única montaña del Estado?) y disfrutamos de las fenomenales vistas.

Al día siguiente fuimos un día a casa de otra amiga (recordar los nombres es imposible para mis capacidades intelectuales), que tenía un montón de ratas en la casa. Vivía con su novio en un lugar remoto y aislado. Eran artistas y tenían obras de todo tipo (casi todas modernuelas gafapásticas). Luego fuimos a comer a un pueblo bastante especial, Greensboro (donde se aglutinan una serie de proyectos interesantes de regeneración del mundo rural a partir de ideas innovadoras). Comimos en un taller de tartas y autoempleo y aprovechamos para visitar una fábrica de bicicletas de bambú (suena raro pero sí…superchulas…pero supercaras) y una tienda de objetos de segundamano (que le sirvieron a Alba para adquirir una guitarra por 10USD!!).

Paramos a tomar helado en el paraíso del melocotón, donde eligen cada año a la reina, princesa y princesa adolescente de esta preciada fruta. La ganadora tiene que hacerse unas absurdas fotos con la fruta…interesante cuanto menos.

Mi último día en Alabama fue conociendo la ciudad de Birmingham. Además era mi cumpleaños así que fuimos a comer a la casa de las tortitas. Visitamos Vulcano, un parque con espectaculares vistas. Buscamos desesperadamente un café y paseamos por el downtown. Cenamos en un griego e hicimos tiempo hasta que salió mi autobús…de un sitio remoto y decrépito como no puede ser de otra forma con megabus (por si alguien no ha oido hablar de ella es una compañía de bajo coste de autobuses de media y larga distancia que opera en EEUU, Canadá o Reino Unido y que se caracteriza por no utilizar estaciones de autobuses sino parar en mitad de la calle o en parkings en lugares medio abandonados. Causa un poco de impresión viajar con ellos porque muchas veces ves que los que van a tu alrededor son muy humildes).
El mundo de Coca Cola
Bienvenidos a Alabama
4 de Julio
Tomando sandía en el agua

Greenboro

Pie Lab (Fábrica de Tartas)

En la montaña


Celebrando mi cumpleaños con muchos desconocidos :)


Como recapitulaciones de mis días alabamameños señalaré lo numeroso de las iglesias y lo conservador en lo político de la gente (aunque en los universitarios no se aprecia ;)). Lo agradable y hospitalaria que es la gente…¡en serio!, a todo el mundo parecía gustarles tener una invitada extranjera. La madre de Alba, Sandy, fue especialmente amable y siempre risueña (y me hizo una funda artesanal para mi ukelele como regalo de cumpleaños), el padre de Alba (¿James?) también fue encantador, tímido y callado pero siempre afable y con Victor y Hector un perro y un gato especialmente enérgicos. Alba fue una acompañante excepcional, me llevo a todas partes en coche, y pudimos hablar mucho mucho en los trayecto (también en inglés…aunque para los temas principales el español siempre es más fluido). A pesar de lo complicado que fue llegar hasta allá ¡mereció la pena el viaje sureño! 

1 comentario:

  1. Jooooo, ¡qué super envidia este miniviaje a Alabama! Todo parece excelso...¡yo quiero típicos tópicos también! :P

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